Pantalla blanca, hoja virgen, espacio abierto donde entra la palabra. Y también los ojos de algún lector atraído por quién sabe qué bifurcación de la red hasta esta página que lleva por rúbrica el apellido de Julio. La idea surgió en San Francisco hace ya unos años, una tarde en que me encontraba en un café frente a una computadora ronroneante, rememorando viajes, retazos de vida. Y entonces pensé en Julio, en lo que significó para mí la lectura de sus cuentos. Recuerdos entremezclados a veces, un tríptico compuesto por sus personajes, por el Julio mismo que yo veía a través de estos, y mi propia aventura vital. A veces esa argamasa se fundía de tal modo que ya no importaba si era Julio (el Julio que yo entreveía), o el motociclista de la noche boca arriba, o yo mismo. Se me ocurre entonces poner aquí por el momento retazos de vida. Recoger en este nicho virtual pedacitos de vida de todos aquellos que de algún modo se han sentido amigos de Julio. Sé que en la red existen ya muchas páginas con fotos, relatos, grabaciones, etc., pero lo que deseo para este rincón no es eso, o más bien no solamente eso, sino lo vital, descubrir cómo Julio anda por ahí, tocando la vida de tantos seres. He venido a París por unos meses, con la computadora portátil y mucho tiempo para andar. Hace unos días me puse en contacto con L. Estuvimos tomándonos una cerveza dans Le Marais, le expliqué la idea, y me envió este texto (y este otro en Dic de 2004). Esto porque preferiría empezar entablando contacto con aquellas personas con las que me pueda encontrar, el cafecito caliente, conversar, conocernos de frente.

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Tengo bastante aversión por las relaciones "virtuales" (bien puesto el nombre), que se quedan en la pantalla, y de ahí mi deseo del propiciar los encuentros, tantas cosas sin palabras que concurren a estrechar una mano. Aprovecho entonces la posibilidad de poder desplazarme, así lleve tiempo, para poder estrechar la mano de tantos cronopios como sea posible, de París a Buenos Aires (pasando por Estambul), recogiendo a mi paso algo de Julio y de ellos. Ya veremos cómo avanza el proyecto, y cómo incluiré los emilios (ver al azar) de aquellos con los que nos conoceremos (si así puede decirse) por la red. 

Puedes escribirme a lepablo@hotmail.com

Entras en la cocina, Matilde bate con la mano la masa de esa torta que te encanta y tú, niño travieso, la distraes para meter el dedo, para probar con sonrisa socarrona un ingrediente olvidado, y me acuerdo entonces del que escribe,